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Aina Clusellas


Aina Clusellas realizó el Yoga Teacher Training de 500h bajo las enseñanzas de Jordi Canela en YogaOne, obteniendo el título internacional de profesora de yoga acreditado por Yoga Alliance. A partir de aquí, continuó su formación especializándose en Dharma Hatha Raja Yoga, con diferentes maestros de todo el mundo como referentes (incluido Sri Dharma Mittra), que le permitieron profundizar aún más y seguir creciendo en el camino del yoga.

Enseguida empezó a dar classes de yoga en Barcelona como profesora de Hatha, Dharma, Vinyasa y de meditación, combinándolo con su ocupación profesional de gerente y programadora web en su propia empresa.

Actualmente, después de haber sido madre, Aina sigue dando clases de yoga y formándose día a día, además de asistir a diferentes talleres intensivos, formaciones, eventos de yoga y formar parte de la organización del Global Yoga Congress desde 2018.

Inspirada en la práctica de Dharma Yoga y partiendo de las bases del Ashtanga Yoga, sus clases son dinámicas y adaptadas a todos los niveles. Explica con detalle cada asana, desde su base hasta las variaciones avanzadas, y se dedica a sus alumnos desde la humildad, asistiéndolos en todo momento para ayudar en el progreso de su práctica, siempre trabajando la concentración y la unión mente-cuerpo-alma a través de la respiración consciente y el canto de mantras. Su forma de compartir nace de su profunda devoción por el yoga y la esencia de su alma: Ahimsa y amor.


Yoga para todos, una experiencia personal

13 junio, 2018 355
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Todos tenemos un motivo determinado que nos empuja un buen día a probar el yoga. En ocasiones resulta de lo más banal y el salto definitivo puede depender incluso más de la insistencia de un amigo o de una pareja que de nosotros mismos. Pero, en definitiva, cualquier persona que se aproxima a la práctica del yoga lo hace para cambiar algo, para crecer, para aprender y para mejorar; y ahí es donde se da el primer paso de un camino para toda la vida.

Un alumno de YogaOne nos explicaba hace unos días cómo empezó su relación con el yoga:

Yo no inicié mi camino en el yoga hasta que no tuve un verdadero motivo para hacerlo. Hace unos seis años fui por primera vez a un par de clases abiertas sencillamente “para probar”. Y simplemente salí de allí somnoliento, aburrido y con sensación de rechazo hacia todo lo que me parecía hippy.

Pero dos años más tarde el yoga se volvió a cruzar conmigo. En aquel momento, practicaba casi a diario todo tipo de deportes de montaña: trail running y escalada indoor cuando estaba en Barcelona y más trail, escalada, alpinismo y esquí los fines de semana. Gozaba de un gran estado de forma, pero mis piernas y mi espalda casi siempre estaban sobrecargadas y contracturadas. Así que me dije que “eso del yoga” igual me ayudaría a estirar y a aliviar un poco mi maltrecho cuerpo mientras seguía entrenando. Era una razón tremendamente superficial, pero era una razón. Era mi motivo para cambiar algo. Y funcionó.

Y lo hizo a un nivel mucho más profundo de lo que nunca me hubiese imaginado. Empecé muy despacio, ya que estuve muchos meses asistiendo a clases solo una vez a la semana en el DiR. Eran prácticas de hatha yoga, con un profesor excelente que transmitía una paz que yo no recordaba haber visto nunca. Era de aquellas personas que te recargan, con las que podrías pasar días enteros.

La magia llegó cuando, poco a poco, aquellos jueves por la tarde se fueron convirtiendo en un momento sagrado para mí que no quería perderme bajo ningún concepto. Pero más allá de la calidad del profesor y del alivio que empezaron a disfrutar mis saturados músculos gracias al trabajo de asanas, aquel ratito de la semana se reveló como un tiempo dedicado única y exclusivamente a estar conmigo, a respirar, a conectar con mi cuerpo, a escucharlo, a ser cada postura y sentir todos sus efectos y a estar presente aquí y ahora. Excluyendo absolutamente todo lo demás.

Este estado de yoga fue una experiencia tan nueva para él y supuso una conexión tan potente y profunda que, día a día, pudo empezar a llevarlo a muchas más facetas y situaciones de la vida cotidiana. Los jueves entrenaba en conciencia, se recargaba, y hasta la siguiente clase intentaba jugar con esa energía para mantenerse presente el mayor tiempo posible.

Con los años, su dedicación a la práctica, su nivel de estudio, sus motivos y sus ganas de explorar han evolucionado mucho. Pero el yoga siempre se ha mantenido a su lado. Porque el yoga te recuerda todos los días que estás inmerso en un camino de crecimiento que nunca abandonarás.


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